Modelo disciplinar al dialógico: mi centro se mantiene en un modelo 100% disciplinar, de hecho todas las normas se generan e imponen por la dirección. Esto supone un gran malestar entre el equipo docente, alumnado y familias, que se manifiesta con escasa implicación y motivación que redunda en el clima de convivencia del centro. Para avanzar hacia un modelo dialógico, la dirección debe hacer un esfuerzo por escuchar las propuestas de la comunidad al completo: docentes, alumnos y familias.
Son pocas las interacciones de diálogo igualitario en mi centro. Estas se reducen a las reuniones de profesores del mismo departamento, aunque no siempre llegan a ser oidas.
La forma de gestionar la diversidad es pobre a mi parecer. Podría decirse que sí se hacen agrupamientos heterogéneos a la hora de organizar los grupos-clases, pero el único criterio para ello es el alfabético, con lo que en muchas ocasiones no coinciden tan heterogéneos.
Las únicas actividades para la convivencia que se organizan son salidas extraescolares, a las que cuesta motivar al alumnado para que participen.
En cuanto a la participación de la familia, se reduce casi en su totalidad a una participación informativa, si bien es cierto que los profesores/as intentan en el caso de alumnos problemáticos, generar una implicación por parte de las familias.
Existen múltiples barreras para favorecer la participación familiar. Algunas de ellas son la distribución horaria del profesorado, falta de espacios adecuados para el trabajo conjunto con familias, falta de comunicación entre los miembros del centro. Lo peor de todo es que no identifico grandes oportunidades para ampliar la participación de la familia con el centro y viceversa….

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